El outsoursing y las agencias de recobros

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El outsourcing y las agencias de recobros: Una simbiosis idónea

El outsourcing es una práctica que las empresas llevan muchísimo tiempo practicando: se trata, ni más ni menos, que de externalizar determinados servicios de una entidad subcontratando a otra empresa especializada en los mismos. No obstante, el auge de Internet y de las consecuentes dinámicas de consumo han provocado que en la última década se expandan tanto la práctica comercial en la que se centra este artículo como, lógicamente, el término anglosajón que se utiliza para denominarla y que cada vez estamos más acostumbrados a leer en publicaciones digitales.

El objetivo del outsourcing, grosso modo, no es otro que el de abaratar costes ofreciendo un servicio de calidad superior al que venía ofertándose hasta el momento del ‘pacto’. Y decimos ‘pacto’ porque, aunque estrictamente hablando la externalización pasa por la firma de un contrato al uso entre una empresa y otra que, en adelante, comenzará a proveer a la primera de determinados servicios, este acuerdo comercial entre ambas se sustenta en la idea —o así al menos creemos nosotros que debería ser— de que el beneficio entre las partes es mutuo. Dicho de forma mucho más sucinta: contratante y proveedor pasan a ser socios, ya que los intereses de uno coinciden con los del otro y viceversa.

Ventajas del outsourcing o de la externalización de servicios

Aunque habitualmente suele decirse que la reducción de gastos es la principal ventaja del outsourcing, desde Grupo Intercobros queremos expresar la idea de que esta práctica ofrece otra ventaja esencial igual o más importante que la anterior: la implicación del proveedor, cuya consecuencia directa y evidente es el aumento en la calidad del servicio ofertado por el mismo. Es decir, que cuando una empresa —pertenezca esta al sector comercial que pertenezca— contrata los servicios externos de una agencia, esta última se desvivirá por satisfacer las necesidades de la primera, ya que de ello depende su supervivencia y su evolución en un mercado cada día más competitivo.

Así, cuando la empresa contratante constata los resultados positivos propiciados por el ‘pacto’, la agencia proveedora subcontratada se ve beneficiada mucho más allá de la retribución económica: con bastante probabilidad, la relación entre ambas entidades se consolide y se expanda en el tiempo, fundiéndose los intereses de una y otra y retroalimentándose al mismo tiempo los beneficios de ambas. Además, la empresa subcontratada, en su lógico afán por ofrecer un servicio cada vez mejor para seguir creciendo, continuará formándose y enfatizará aquellas facetas de su actividad que considere serán de mayor provecho para sus clientes.

Otra de las principales ventajas del outsourcing es que permite a la empresa contratante derivar determinadas actividades para las que no está preparada. Sencillamente, dicha empresa difícilmente contará con profesionales formados en todos los ámbitos que, de un modo u otro, atañan a la actividad principal que constituye la razón primera de su existencia. Así, mediante la externalización es posible optimizar los fondos que hasta entonces venían destinándose a departamentos que no terminaban de funcionar todo lo bien que sería deseable: la agencia proveedora, sin embargo, sabe lo que hace porque precisamente esa es su labor fundamental y cuenta con los recursos y las aptitudes necesarias para desarrollar la actividad para la que ha sido contratada.

Además, este modelo de contratación permite que, en caso de ser necesario, la empresa contratante solo tenga a su servicio a la proveedora durante determinado tiempo —cuando lo requiera—, y no esté malgastando recursos de manera constante, infructuosa e innecesaria. Así, esos gastos fijos pasan, gracias al outsourcing, a ser variables y menores.

Otra ventaja de la subcontratación o externalización de servicios es que la agencia proveedora se hace cargo de la gestión de todos aquellos aspectos colaterales derivados de los servicios para los cuales ha sido contratada. De este modo, la empresa contratante puede despreocuparse a sabiendas de que su problema está en buenas manos. Además, la resolución del problema —si hablamos de una agencia de recobros, qué duda cabe de que recuperar una deuda impagada es un problema y grave— llegará en un tiempo menor que el que cabría esperar si la empresa contratante hubiera enfrentado el asunto por su propia cuenta y con los medios a su alcance, la mayoría de veces —y lógicamente, como apuntábamos— insuficientes.

En resumidas cuentas, contando con el soporte de una agencia como Grupo Intercobros, cuyo equipo de humano está especializado en el recobro de deudas, no solo estaremos abaratando costes, sino también minimizando riesgos: no olvidemos que en los procesos de recuperación de deudas impagadas el tiempo es un factor determinante, por lo que no saber dónde o a quién acudir y en qué momento preciso puede marcar la diferencia entre tener o  no éxito; es decir, entre dejar que el moroso escape impune o recuperar aquello que nos pertenece legítimamente.

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